algo raro está pasando

“Algo raro está pasando” (Ramón Qu. Santander. S. XX- S. XXI.)

Me propongo tomar distancia con el autor para leer este libro de relatos, creo que la presbicia me ayudará… pero no, veo borroso. Me pongo las gafas que acercan… y como que tiemblo. Luego caigo en la cuenta de que al tal Uriarte no lo conozco de nada, uff, entonces me siento liberada… en quién estaría yo pensando-pienso.

“La narrativa tiene una concepción teleológica del ser humano, es decir, lo concibe como dotado de intenciones. El personaje desea, busca, persigue o aspira a algo. Ese “algo” podrá ser el poder, la riqueza, la paz interior o el amor, pero siempre será el motor y el desencadenante de sus acciones…”

Esto lo enseña Ramón Qu y lo aplica Uriarte, además, insiste en su magisterio que nos preguntemos::

Qué función, qué ayudadores, qué antagonista, qué figurantes, qué escenario, qué personajes… qué de cosas y qué de gente hacen falta para exponer un pronto -me dije con la más simple de las simplezas. Ahora que leo, lo comprendo todo. El pronto tiene que cuajar, hacerse compost para que de ahí brote algo jugoso que asombre al gusto

Gané en gusto a medida que releí. Algo raro pasó. El desconocido Uriarte no es un cualquiera en esto de la literatura- deduje después de releer y librarme de la Qu.

En el primer relato que da título al libro, el autor nos avisa de que ”algo raro va a pasar” y efectivamente, en todos los relatos pasa algo raro. Los protagonistas, unos, “normales” en principio; otros, “raros” desde el principio, se vuelven raros o más raros y en la maraña de lo cotidiano toman caminos imposibles de desenmarañarlos.

Mis conclusiones:

  1. 1.      la palabra, aunque invisible, siempre está, remueve para lo bueno y lo no tan bueno, está viva. Lo no dicho es lo que se oye más alto.
  2. 2.      Las risas raras predicen lo peor… dan miedo. Y las carrasperas. Y los buitres…
  3. 3.      Detrás de detrás, de lo de detrás, hay soledad, tedio, el protagonista extraña algo y se hace extraño. El pesimismo prevalece.
  4. 4.      Mirar a otros ojos procura grandes descubrimientos de uno mismo.
  5. 5.      La vida, como el mar, insiste con su ir y volver, los personajes dejan pasar o retoman otra oportunidad.
  6. 6.      Acatar los puntos de vista de otros generan soledades propias.

En cuanto al tiro la piedra y escondo la mano a tiempo, da esquinazo para dejarla ver en el momento oportuno, se detiene, te detiene: en el paisaje, en una persona, en una habitación… Retoma, se conjura de tal manera que tienes que terminar de leer aunque en ocasiones intuyas hacia donde va, pero lo importante es que te sorprende en el cómo; hace como si en sueños te encendiese una lámpara con una luz tenue primero y progresivamente la hiciese crecer en intensidad hasta fundirla y confundirla con la luz del día, y te despierta inquieto y sobresaltado porque no esperas que el viejo reloj del salón parado hace años, suene .

No hay peor cosa que terminar un relato con el desasosiego de no saber si se consiguió atrapar. Persigue que nos cuestionemos y lo consigue. Una voz se queda presa entre las cuerdas de la garganta mientras “el tiempo destiempa” y mientras, redundo en el mientras, porque no sé que hacer mientras, con un dichoso palo posado a mis pies cuando “los zapatos de napa” retoman su camino, mientras me encuentro con “una cebolla” entre las manos. Me siento colapsada, no puedo hacer otra cosa que llorar por indicación de ésta última y seguir llorando, mientras, con “la mirada más triste” si cabe. A lo mejor tengo que ver la vida desde otro “punto de vista”-decido- mientras pienso en la opción de lanzarme con mis interrogantes a modo de paracaídas por “un acantilado”.

Estos han sido “mis seis segundos”, opino que necesitaré años para abarcarlos primero y reseñarlos después, pero continuaré en mi intento de hacer una reseña- reseña, porque me temo que tampoco lo logré esta vez. Vaya! Y encima termino medio pareando, lo peor, de lo peor… y con gerundio! Válgame esto para atender mejor las lecciones del maestro Qu y aprender de la lectura del tal Uriarte: la flecha… a la diana.

 

algo raro está pasando

Ramón Qu

1 Algo pasa

Me ha vuelto a gustar.

De sus posibilidades metafóricas, como ilustración de la nueva visión que suponen el enamoramiento, el arte, la literatura, la filosofía, la ciencia y la locura, la que más me atrae es esta última, probablemente porque me afecta más directamente.

2 Lograda atmosfera entre Kafka y comic, esto último por alguna pinceladas ¿de humor? al describir a los personajes: la barbilla de uno parece un zapato: (algún personaje de Lucky Luck o Manolito), otro un Huevo: Humpty Dumpty (Zanco Panco, en versión de Jaime de Ojeda).

3 “Me volvió a asombrar que fácil era matar” repite Jack London en casi cada una de las historias del Vagabundo de las Estrellas. El o la de tu cuento podría decir lo mismo.

¿Puro sadismo?

4.- Divertido. Me ha hecho mucha gracia que en el hospital le preocupe tanto lo aburrida que era su vida.

6.- Incendiario.

7,- Muy logrado esto:

“para ella, cada vez que una palabra salía de la boca de alguien, se convertía en un ser invisible, pero activo, que permanecía ya para siempre en la vida de los que habían hablado y escuchado, bien como ángel, bien como diablo.”

bonita la asociación por un lado de erotismo pleno y naturaleza y por otro de una compleja situación entre rutina, arte, esperanzas y frustación con la descripción de la casa y la urbanización.

8

¿Qué es la napa o el napa? ¿Una culebra de agua?

No sé si el mar sólo se venga de un señor antipático que se ríe de los niños estropeándole los zapatos ,o si le arrebata, puesto que ¿sólo? deja un palo en aquel charco, recordándonos que los esfuerzos de seres tan fugaces mucho tienen en común con castillos en la arena mojada de la playa.

9

¿sacrificados vegetales? bueno…. ¿sacrificados minerales? ¡! ¿Va por el vino?

Observo en este cuento algo que ya he notado en novelas como El Viajero del Siglo nos sabemos ya también cómo es una playa o un río al anochecer que los escritores podéis decir lo que os parezca y se entenderá y lo consideraremos además buena literatura.

Cierto afán cientifista del que participo convierte a la cebolla en una buena metáfora de los misterios del universo. Es notable que a pesar de ello, como se destaca en la última frase, la vida no nos parezca imagen adecuada de la cebolla.

10

Es curioso que él que ha escrito lo que copio abajo dijera alguna vez que la poesía era una mierda:

La mirada del repartidor le estaba esperando. Le pareció que brotaba mortecina de unos ojos oscuros, se asomaba tímida al mundo por un instante, para languidecer en unas cuencas hundidas, y extenderse y depositarse como una niebla cenicienta por todo el rostro. Al verla, sintió un chasquido de hojas secas, un olor a lluvia, un tacto de sombras, como si, de repente, caído de algún ayer, estuviera sosteniendo en la palma de la mano un ser frágil en el último pálpito.

¿Dios los cría y ellos se juntan. O cree el ladrón que todos son de su condición?

Paco quizá está triste por la enfermedad; pero en la vida del oficinista lo único triste que ha ocurrido es el abandono de sus ideales. ¿Tan triste es eso? ¿O está triste por aquello de “nacer es empezar a morir y no lo sabe; aunque se reconozca en los ojos del otro”?

11

Bonito. Haciendo trampa. es decir, interpretando lo que dice el cuento a través de lo que sé del autor, afirmaría que no es un cuento pacifista, que los nombres de los personajes tienen un peso fundamental, que aluden a unas circunstancias políticas concretas que todos conocéis mejor que yo, probablemente a la Guerra de Irak.

12

Es una repetición de (1): el cambio de visión, esta vez facilitado por dos remolinos, igual que las espirales giratorias que hacen mirar los hipnotizadores en las películas.

A estas alturas ya no sé si el mundo es un horror, un abismo o una cebolla.

13

Lo que cambia de rostro aquí es la madre.

14

No por mucho madrugar…

15

“estás en perdido en la selva” pone, cosas de cambiar de orden los sintagmas, demostración de que no es simple conseguir un estilo simple.

Un niño muy pelma cuenta la vida de todo el vecindario comparandola con relatos o películas de acción o aventura; dice que él y su padre quieren ser invisibles y para mí lo consiguen: no veo de qué van.

román 17 de mayo de 2001

LA CARRETERA (THE road )

De Cormac McCarthy 1933

Un padre y su hijo de corta edad,  se dirigen al Sur, recorren un mundo destruido, deshecho, en medio de la bruma, las cenizas y el desastre.

Para el padre la única esperanza es que su hijo le sobreviva y al mismo tiempo el hijo representa  la inocencia y el miedo a desaparecer sin nada a lo que acogerse: el amor, la amistad, la dignidad.

Y también está  el miedo a perder la posibilidad de encontrar para el hijo algo similar a lo que el ya ha conocido antes de la catástrofe.

El padre vive de la luz del pasado, de sus recuerdos, de sus afectos, de una vida anterior con su mujer, la madre de su hijo. Tiene un mundo interior que quiere mantener para el (el fuego)

El autor va describiendo la situación después de la hecatombe como si de un infierno se tratara. Los dos personajes van siguiendo la carretera camino del Sur,  sin ninguna meta concreta, con frio permanente, rodeados de cenizas, con hambre casi insoportable  y  cadáveres  a su alrededor, al borde  de sus fuerzas y también  con la esperanza de que en el  trayecto, acompañados de su fuerza interior, puedan encontrar algún sentido a lo que les queda: el anhelo de transcendencia ante la fugacidad de la vida , la  importancia de la organización, el significado de los sueños, el respeto por los muertos….

El padre protege al hijo y le va dejando  unas cuantas pautas que le hace repetir  para que adquiera  un código de conducta en sus actuaciones: morir de hambre pero jamás asesinar o comerse a otro hombre para salvarse, evitar el odio, la desesperación, la desolación y buscar a personas que tengan esa  fuerza interior, eso que diferencia a unos hombres de otros: los que no esclavizan, ni devoran a otros hombres, ni destruyen, ni matan por matar (los buenos y los malos)

Van camino del Sur sin una meta aparente,  pero en el camino el padre intenta recuperar para el hijo la esperanza, la fe en la vida.

La carretera tiene  una fuerza extraordinaria: es tenebrosa y al mismo tiempo bella, la metáfora de un mundo al que podríamos llegar si todo desapareciera. No es difícil imaginar un mundo así después de un desastre nuclear o  de cualquier otra catástrofe. Un mundo sin reglas, sin civilización, donde sobreviva  el más fuerte y donde  la carretera sea la única señal, la única referencia.

Estar en ella es peligroso, pero si te sales del camino puedes perderte y acabar  como los hombres que han ido encontrando (hombres sin principios) o como terminó la mujer, que en los momentos posteriores al desastre le dijo a su marido que no podía seguir: no hay presente ni futuro y para ella no merece la pena seguir viviendo.

El padre decide resistir hasta el final y encuentra en el futuro de su hijo esa pequeña esperanza que le hace caminar y le acompaña en este  seguir sin la memoria del pasado ni la proyección hacia el futuro.

En el imposible trayecto que se nos describe, aparecen de vez en cuando: recuerdos de sueños, imágenes de otra vida, gestos de bondad por parte del hijo, la visión de un perro, de un niño, una historia contada, la esperanza de llegar al Sur…

Después de lo angustioso del recorrido, es en la  escena final donde tienes  mas dificultades para creer, pero si nos dejamos envolver por ella  nos reconciliamos  de nuevo con el ser humano, con la alegría y la esperanza de que puede haber un futuro, un Sur… con la fuerza de la vida.

Maru

viaje sentimental

Laurence Sterne

VIAJE SENTIMENTAL POR FRANCIA E ITALIA

Lo que turba a los hombres no son las cosas en sí, sino las opiniones sobre las cosas.

Epicteto

Me ha parecido una cita adecuada para el relato de Yorick, el viajero sentimental que parte de Inglaterra, como tantos compatriotas a descubrir el continente. Pero su objetivo o su meta no aparece en los libros de arte, ni en las guías de viaje, tampoco en los relatos de otros viajeros, prototipos de su divertida clasificación, en la que él mismo no cabe, porque se mueve por besoin de voyager y por imperiosa nécessité: el desinteresado interés del movimiento y el conocimiento directo, de primera mano. Y las manos ocupan un lugar muy importante entre los herramientas de conocimiento, en el campo de las mujeres, que pueden resumir y simbolizar el interés de su viaje. Una mujer es el microcosmos por el que accede al conocimiento del mundo. Yorick vive enamorado, su entidad moral corre riesgos en el periodo entre dos enamoramientos y afirma que solo puede querer a una mujer el hombre que ama a las mujeres.

Al llegar a Paris no corre a extasiarse ante los hitos consabidos, recorre las calles buscando alguna figura femenina a quien preguntar por la Ópera Cómica, a donde tiene que conducirle un chico, porque fascinado con la amabilidad de la vendedora de guantes, le hace repetir tres veces la explicación y todavía vuelve porque no se ha enterado de nada.

Aparecen damas en los trayectos, en las posadas, pero luego las citas se disuelven, no llegan a cuajar, son las filles de chambre de esas damas las que le interesan y con las que mantiene unos escarceos accidentados y emocionantes.

Los compañeros de viaje, encuentros en el camino, despiertan su emoción, el dueño del burro muerto, la familia de campesinos, María la mujer enloquecida que quiere secar su pañuelo en el seno porque le hará bien, el mendigo adulador, que le da una fórmula para mantenerse en sociedad, practicada por tantos, pero que a él acaba avergonzándole.

¿Qué hace tan encantador, cercano, a este relato? Es algo así como una suave ironía, una distancia elegante en la crítica, pero con empatía, se arregla para poner verdes a los franceses sin molestarles y no deja atrás a los ingleses. Y la fluidez del relato, el salto de la descripción de lo inmediato a la narración de los recuerdos, los tramos cortos de los capítulos, las expresiones francesas diseminadas nos arrastran al camino, vamos, nos detenemos, volvemos atrás, traqueteamos con la désobligeante, aunque esté parada.

Y no hay final definitivo en el relato:

“Por eso, al extender la mano, cogí la de la fille de chambre…

Marga 29/03/2011