LA OSCURIDAD

Jaccottet

 

Es un libro sobre una crisis espiritual y su superación contado en un lenguaje muy bello y sencillo, principalmente a través de las impresiones del paisaje (a veces luminoso y ligero, otras oscuro y  amenazante).

 

Comienza por la visita del narradador a su viejo maestro, al que recuerda como un hombre profundo, tranquilo y triunfante; pero se encuentra a un hombre  solitario y desesperado. Para evitar el estado tenebroso en que casi le sumerje esa visita, recuerda los días en que el maestro vivía retirado en el campo con su mujer y su hijo, lleno de serena felicidad. Así logra evitar el marasmo; pero no llega al alto estado del que partía, sino que termina aceptando lo gris de la existencia como verdad definitiva.

 

Me ha dejado imágenes rondando en la cabeza: la joven que ama el maestro cuando le conoce el narrador como luna; los colores cambiantes de los prados y del cielo…

 

De las imágenes de que está lleno el libro hay una que se repite dos veces en páginas seguidas o casi seguidas (no puedo precisarlo, porque he dejado el libro a Nano) que no conseguí pillar. Dice que una mujer, probablemente una prostituta, era como “leche en la noche” o algo así. Si sabéis cómo interpretarlo, os agradecería que me lo contarais.

 

Gracias a Ramón  por recomendarnos  este libro, que me ha gustado mucho; aunque imagino que para otros será un tostón.

 

Ro

diario de un seductor

       Kierkegaard
     
      De los muchos seductores que han poblado la historia de la literatura, resulta especialmente inquietante la figura que Kierkegaard creara en su obra Diario de un seductor. Probablemente, porque su complejidad y sutileza psicológicas hacen de su protagonista un personaje tan ambiguo como tenebroso. El texto se presenta estructurado a través de cartas, como la trascripción del diario personal de un donjuán  reflexivo, filosófico y analítico, realizada por un personaje anónimo que da casualmente con el cuadernillo. Johannes, esteta, seduce a Cordelia a través de la imaginación, a través de la literatura.  La seducción deviene acá escritura forma literaria. Juan no goza del poseer, sino de la representación de la conquista.
      Evita la posesión porque el éxito de la seducción pone fin al placer, implica en cierto modo comprometerse con la realidad, mientras que lo que interesa es la idea, la imaginación. La categoría estética en la que vive Johannes es una categoría de la reflexión porque en ésta el sujeto no está atento a los contenidos sino a los modos, no vive y no goza de las cosas sino de su anticipación y su recuerdo. Johannes transforma su deseo y su seducción en una obra de arte. No satisfaciendo más que en idea, no traduciéndose nunca en la realidad, su deseo puede permanecer indefinidamente abierto.
      El poder absoluto sobre una mujer, que él conquista gracias a su superioridad intelectual, él encuentra “un momento de presente”, un “instante de reposo” frente a la nada que lo amenaza y que su escepticismo le propone continuamente.
      La figura del seductor perfilada por Kierkegaard evidencia así la relación de poder, establecida sobre las bases de la cosificación del sujeto seducido, que anima en su fundamento el juego de la seducción.
      En el momento en que sucumbe a las estratagemas de Johannes, Cordelia ha perdido definitivamente para él todo su atractivo: la misma entrega que la ha elevado al máximo de su esplendor la ha destruido a sus ojos. Desaparecida su inocencia, su feminidad ha quedado intrínsecamente dañada. Johannes sólo ha pretendido hacer brillar a Cordelia en la exaltación de su pasión de mujer para gozar él mismo de ese brillo. El brillo fugaz de un bello objeto que ahora, ya inservible, puede ser despreciado y rechazado sin remordimientos. El seductor contempla al seducido como un mero instrumento al servicio de su placer. Pero ese placer implica un sometimiento de la voluntad de su víctima que habrá de conducir, necesaria y premeditadamente, a su aniquilación. Ajeno a cualquier reconocimiento o identificación con el dolor que sus acciones hayan infligido a su víctima, el seductor es ciego para aquella capacidad cuya ausencia invariablemente desemboca en la deshumanización del otro: la capacidad de ponerse en su lugar.
     
      pepin

cuentos

QUIROGA 

La escritura narrativa de Horacio Quiroga sigue tres derroteros que él mismo sintetiza en el título del libro “Cuentos de amor, locura y de muerte”. El amor, especialmente paternal, está presente en sus cuentos. La locura es una enredadera que se posesiona tanto de los seres humanos como de los seres animales, porque es una locura del ser vegetal que su pluma trata de captar. La muerte ronda por todos sus cuentos convirtiéndose en muchos en el personaje principal. El tema de la muerte es una constante que lo acompaña siempre. Pero la muerte en los cuentos de Quiroga no es la muerte ineludible a la que todos estamos llamados, sino que es una muerte que sorprende a sus víctimas con un rápido accidente del medio ambiente donde se mueven los personajes.

Muchos han señalado la influencia de Edgar Allan Poe en su cuentística. Poe camina en  “El almohadón de plumas” que es como la colcha fúnebre de una mujer recién casada. Los niños que quedan huérfanos de madre en “El desierto”, esperan que alguien les comunique la muerte de su padre para que su horfandad sea perfecta. Cuando nos tiene atrapados en la esperanza de que la muerte traicionera ha sido derrotada, vuelve a la carga en “El hijo” que ha muerto al primer tiro posiblemente de forma accidental de un autodisparo, como la auto muerte ensartado en la hoja de un machete de “El hombre muerto”.

La selva es central en la narrativa de Quiroga, no sólo como telón de fondo de la acción, sino como agente activo. Los cuentos de Quiroga exploran literariamente una parte hasta entonces considerada “salvaje” del territorio hispanoamericano: la selva en la región de Misiones. La importancia de la selva en su obra se relaciona con cuestiones más filosóficas, existenciales y psicológicas (y, visto desde la perspectiva de hoy: ecológicas)  En los cuentos de Quiroga nos encontramos, a menudo, con un drama humano – accidentes, muertes violentas – en un ambiente natural indiferente a los sufrimientos, las crisis y las preocupaciones humanas.

Brevedad, intensidad, tensión, introducción, desarrollo y desenlace final de acuerdo con la introducción es la técnica de Quiroga. Técnica similar a la que aplica Cortázar en muchos de sus cuentos donde el “yo” narrador se bifurca en una división casi imperceptible entre el ser humano y el ser animal, manteniendo una tensión que lleva al lector a colocarse en el abismo de la silla. La tensión es indudablemente una “técnica” que el uruguayo maneja con gran precisión. Tensión que alberga un potencial dinámico que repercute en el corazón del relato, despertando una aguda atención, en forma sostenida, desde las primeras líneas hasta el final del mismo

El secreto de la escritura narrativa de Horacio Quiroga hay que encontrarla en esa tradición milenaria de la cuentística oral. Un buen narrador es como el mago en fiesta de niños que atrapa nuestra dispersa atención cada vez más desatendida por tanta distracción. Para Quiroga “el cuento literario consta de los mismos elementos sucintos que el cuento oral, y es como éste el relato de una historia bastante interesante y suficientemente breve para que absorba toda nuestra atención”

hernani

Victor Hugo
 

Hernani fue admitida por el censor y el director, y fue estrenada en la noche del sábado 25 de febrero de 1830. Víctor Hugo anunció que no se emplearía claque o “vitoreadores a sueldo”, una costumbre habitual por aquel entonces en los teatros franceses. Pero sus partidarios, encendidos por el posible conflicto, se reunieron para hacer fuerza. Llevaban insignias rojas con la palabra española “hierro” escrita; insignias que el mismo Hugo había distribuido. Estaban dirigidos por el entusiasta  Théofhile Gautier, que se había ataviado para la ocasión con un extravagante estilo – pantalón verde y chaleco rojo, sobre el cual surgía su larga, rubia y leonina melena. Los “Clásicos” no eran menos numerosos y recordaban sus pasadas victorias. Los palcos estaban llenos de personas distinguidas en el rango, las artes o las letras; personalidades que se unieron al tumulto que surgió nada más comenzó la obra de teatro. El desorden pasó de los gritos a los golpes, y los partidarios de Hugo disfrutaron de una victoria virtual, aunque no decisiva. La prensa en general condenó la obra, pero siguió siendo representada, noche tras noche, durante dos meses. La amarga contestación continuó, a menudo con graves incidentes. Al final, no había una sola línea de la obra que no hubiese sido objeto de silbidos o aplausos, o de ambas cosas. Pero los Románticos habían conquistado el derecho a tener su propio estilo de obras de teatro y a poder asistir a sus representaciones sin ser molestados.

¿Cuál es ahora el verdadero carácter de esta tan disputada obra? Ya no es habitual  su representación, incluso en los teatros franceses, aunque sobrevive en el escenario gracias a la opera italiana Ernani. La historia es completamente ficticia, característica de la que Hugo se sentía particularmente orgulloso. A Don Carlos se le está intentando proponer como futuro Carlos V, pero nada de lo que aparece en la obra tiene similitud con los hechos reales de la brillante carrera del emperador. Ruy Gómez, un gran ejemplo de la orgullosa nobleza española, ha caído, a pesar de su avanzada edad, profundamente enamorado de su hermosa sobrina, Doña Sol; pero ella ha concedido su juvenil afecto al misterioso bandido, Hernani. El propio rey ha caído víctima de sus encantos y la busca por su cuenta. ¿Cabe presentar un contraste más llamativo que el que se da entre estos amantes – el rey, el noble, el bandido – enfatizado con las diferencias de edad y rango? Hernani es capturado por Ruy Gómez, quien le perdona la vida al recibir su cuerno de caza y la promesa de Hernani de que se quitará a sí mismo la vida cuando oiga la llamada de esa bocina. El noble y el bandido buscan revancha contra el rey y forman una conspiración. Sin embargo, el rey es elegido emperador. Descubre a los conspiradores, pero en un gesto magnánimo les perdona la vida. Se descubre que Hernani es en realidad un noble que había sido privado injustamente de su rango y posesiones. Es restaurado en sus privilegios como Don Juan de Aragón. El emperador ha renunciado a sus aspiraciones a Doña Sol, y ella se casa con su amado. Pero Ruy Gómez es implacable y, en medio de su éxtasis, después del banquete de bodas, Hernani oye, proveniente del exterior, el sonido fatal de las bocinas mortales. El veneno, preparado por Ruy Gómez, está a mano. El honor de Hernani está en juego y, aunque pierda el amor y la vida, debe cumplir su palabra. Bebe de la fatal copa, su esposa también y ambos mueren en un éxtasis de devoción y sacrificio. A este poderoso climax  se debe sin duda la decisiva victoria que puso punto final a la larga controversia entre la escuela clásica y romántica de teatro y novelística.

Pocos efectos han sido producidos en el escenario que superen en poder y patetismo al climax de esta gran tragedia. Ninguna catástrofe más emocionante se puede imaginar que esta caída rápida desde la felicidad y seguridad perfectas en que esta pareja de recién casados estaban entrando y disfrutando, a la terrible alternativa entre la muerte y el deshonor, anunciada por la bocina fatal. Pero la popularidad permanente de la obra, cuando la tormenta de su lanzamiento se había calmado, se debió a su rapidez en la acción, la belleza lírica de su poesía y las imágenes encantadoras de amor juvenil y la fidelidad, enfatizadas más que destruidas por la catástrofe desgarradora.

 

RESURGIR

 MARGARET ATWOOD

 Es una novela multiestratos: la feminidad, el paisaje, nacimiento, los animales, mundo moderno…, lo que tenemos que descubrir es cómo el lenguaje comunica todas estas cosas: el comentarista dice que hasta cuatro veces la leyó y entonces el placer fue infinito.

           La historia transcurre en diez días y está dividida en 3 partes:

            1ª Días 1 a 3, antes del almuerzo, narración en tiempo presente.

            2ª Días 3 a 6, narración en tiempo pasado.

            3ª Días 5 a 10, vuelve el tiempo presente.

            Narrada en 1ª persona, que es también personaje que interactúa en los hechos narrados, la simetría de las 3 partes, el uso del tiempo verbal, son hilos que ayudan a comprender. Los 3 primeros días parecen la reconstrucción de los hechos desde la perspectiva de la narradora en el 3º día, el uso del presente acerca. El viaje, físico y espiritual, la transformación de la mujer, culminan en la 3ª parte donde vuelve a emplear el presente.

            ¿Qué hace esta mujer? Inicia un viaje con unos compañeros, en principio suponen una ayuda para la dura experiencia, la desaparición de su padre, probablemente muerto en accidente, pero las reacciones de estos urbanitas en un medio duro, el bosque, los lagos, la alejan sentimental y vitalmente de ellos, se convierte en el ojo despiadado que los observa y retrata. Lo mejor de Joe, su compañero, son los rasgos primitivos, cercano a los animales, habla muy poco, no le gusta sentirse observado, es peludo como un oso, tiene perfil de búfalo, sus manos moldean la tierra. La distancia con la humanidad la acerca a la percepción profunda del mundo natural, de los animales, de los recursos básicos para subsistir y entra en el espacio de su niñez, las imágenes, los recuerdos aparecen como una realidad presente. El rastreo de las huellas del padre la va adentrando en otra forma de percepción, alerta como los animales, buscando trazos, para los otros invisibles, siente la naturaleza dentro y fuera de su piel, hay un camino que tiene que encontrar y seguir, descubrir un lenguaje nuevo, como la identidad perdida del objeto y su nombre, que sólo existió en el Paraíso.

La muerte dentro de la vida, la vida dentro del cuerpo: “…una parte de mi cuerpo cortada, como gemelos siameses, mi propia carne anulada. Se resbala, vuelve a resbalar. Tengo que olvidar.”

 Curiosamente, la búsqueda de un sustituto del lenguaje da una aproximación veraz: Ana, tan convencional, echa las cartas y le dice: “¿Tienes un hermano gemelo? Casi todas tus líneas son dobles. Tu infancia fue feliz, pero aquí hay un corte brusco”

La inmersión en el lago y el descubrimiento del cadáver marcan una inflexión, salir del agua, azul y fría como la redención, es empezar otra vida, el fantasma del padre, con ojos amarillos como los lobos, queda incorporado a la naturaleza, la muerte convive con nosotros. Queda la segunda parte de su búsqueda, el nivel más profundo sube a la superficie, es el momento único para concebir al hijo, reclama a Joe, rechaza las paredes para ese encuentro definitivo. Es como un ritual para proteger al feto, aprender a vivir con la tierra y de la tierra, arranca la ropa, los modos y maneras de la vida en la civilización, la vuelta a la infancia y el alejamiento de los humanos y su lenguaje.

 Esta incursión en el animalismo, por su rechazo de la vida de los humanos, nos da la medida de su alineación anterior, el rechazo de su utilización como mujer-esposa-madre y después de este descenso, viaje al interior, sube a la superficie.

“el lago tranquilo, los árboles me rodean, sin pedir ni dar nada”

( De un estudio encontrado en Wiki)



carmen

PROSPER MÉRIMÉE 

Carmen, Carmencita…

El viajero francés, arqueólogo en busca de restos que confirmen su localización de la batalla de Munda, descubre en medio del calor abrasador de la sierra de Cabra un paraíso para el caminante, un locus amoenus pierde su norte y se engancha a la aventura, un bandolero, quizá José María, de aspecto feroz que se amansa con un cigarro y unas buenas lonchas de jamón. Los que han compartido humo y comida ya no se atacan.

La figura de Don José la van trazando el trato y las miradas de la gente, el respeto de la vieja de la venta, el recelo y la avaricia del guía.

La segunda escena en Córdoba es un primor, el baño de las mujeres en el río al toque del Ángelus y los mirones desojándose desde el pretil.

Y aparece Carmen, reto y seducción, el viajero vuelve a enredarse con la aventura, se arriesga y sólo pierde un reloj, gana el conocimiento, la relación de Carmen y Don José.

En el largo relato, confesión de Don José, tenemos toda la trama de la historia: el vasco huido forzoso, deja un muerto atrás, tiene conciencia de su rango, es Don y ahora su vida se ha convertido en la de un soldado de fortuna; tenaz y soso, hábil y bravo, desempeña todos los papeles y mata a quien se le pone por delante, por delante de Carmen, contrabandista y bandolero.

La perdición de los hombres, la de los ojos de lobo, a quien culpa Don José de sus derrotes, es un imán, fiera y libre, ¿fue la educación de los gitanos?

Ella no culpa a nadie de su suerte, será libre o no será, se quita la mantilla y fija los ojos en su destino, que necesita herir dos veces para borrarla.

Cristiano viejo, como se precia, ha dejado una misa encargada y la entierra en el bosque.

Tampoco rehuye su destino, pero lo delega en la justicia, vuelve a la legalidad para morir.

El viajero francés parece que no encontró Munda, pero sí la fascinación de los gitanos, a los que se acercó más que Don Jorgito el inglés.

Descubrir esta novela ha sido un placer, tantas versiones, clichés del tema que son responsables de la demonización de Carmen y la exculpación de Don José. Curioso el estereotipo que perdura y no encuentra justificación en el relato original.

 

marga

09/05/05

 

cuentos

sherwood anderson

 

Las letras, pequeño colectivo inmóvil, contienen todos los mundos imaginables en su interior. Esa es su gran fuerza, la potencia de albergar todo lo posible en un mísero recorte de dos dimensiones. Los árboles, las piedras y las casas tampoco se mueven pero el pasado se agita, turbulento, en su interior. A su vez, cualquier personaje de ficción que se precie sólo parecerá estático si se le reduce a su mínimo bidimensional o si se le pilla en el ojo del huracán de las historias que ha vivido, historias que acabarán sacudiéndole a su paso y le catapultarán hacia el futuro. Historias. Ahí es donde saca el cuaderno y toma nota Sherwood Anderson, ahí es donde encuentra su gran tema, el primordial, el que lo hace un gran escritor. Sherwood Anderson es magnífico porque es un natural born story teller: alguien que cuenta historias como quien va en bicicleta, de forma natural, y en su caso de una manera deliciosa y absolutamente deleitable. Un fotógrafo, un taxonomista o un periodista sólo describen, anclados en el presente y en la superficie de los hechos y las personas (aquel rostro, aquel paisaje, aquel suceso): sacan una foto. Anderson da un paso más allá y juega con toda la vida de sus personajes: descorcha la fotografía y se adentra en sus tercera y cuarta dimensiones. La tercera, la de la profundidad, en un trompe-l’oeil al revés que nos levanta los personajes y nos los pone delante de nuestras narices como si de nuestros conocidos se tratara; y la temporal, la cuarta, la de los porqués, los orígenes y las anécdotas, el yacimiento de historias de donde saca oro a raudales. En este caso, en forma de pequeños cuentos que explican y sostienen este pueblo inventado de la Norteamérica rural de principios del s.XX, Winesburg, Ohio. Y no son historias espectaculares, no: son anodinas, como la mayoría de las vidas (del montón, como asfalto, polvo y nubes). Pero qué bien escogidas, qué bien trazadas, qué bien contadas. Podríamos decir que Anderson abre la puerta —sin saberlo, como todos los pioneros— del gran género norteamericano por excelencia del s.XX, el story-telling, cuyos discípulos más aventajados podrían ser, por ejemplo, Paul Auster, Jim Dodge, Carson McCullers, Kurt Vonnegut, los guionistas de la época dorada de Hollywood como Ben Hecht o los extraordinarios actuales, como David Chase, de The Sopranos. La Norteamérica de las mil historias, de las larguísimas carreteras beatnickeadas, la del tamaño descomunal donde todo el mundo tiene un pasado secreto, donde todos tienen algo que esconder y algo de lo que huir, la Norteamérica que es forastero, forajido y sheriff a la vez. Aquel territorio virgen donde se escribía un nuevo mundo y todos volvían a empezar; aquella colosal pizarra en blanco que algunos se atrevieron a manchar con letra clara y puño firme inaugurando la historia de su narrativa: después de Melville, Sherwood Anderson, y luego todos los demás. Si cuando erais niños os ibais a dormir completamente prendados y con una sonrisa perfecta en el rostro al escuchar alguna historia maravillosa contada por vuestros padres, acercad vuestros ojos a estas páginas porque el efecto va a ser el mismo.

 

                          Martín Sales (tomado de Internet)