taller de escritura creativa

comienza el nuevo curso 2011 2012

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IV El tiempo (continuación)

APUNTES DE NARRATIVA (4)

 

1º.- El tiempo (continuación)

 

B) El tiempo en la narrativa.

Como recordaréis, en este apartado estamos tratando del “Tiempo EN la Narrativa”, es decir, de las características y el uso del “elemento narrativo tiempo” en novelas, relatos y cuentos. Distinguimos tres aspectos esenciales: la selección, el orden y la duración. En la anterior entrega hablamos de la “selección”, en ésta hablaremos del “ORDEN”.

         Orden.

Cuando se habla del orden temporal en la “literatura” es típico recurrir a un ejemplo tomado de la Ilíada. Utilizaremos una versión en prosa para facilitar la cuestión. Veamos:

“Canta, oh, diosa, la cólera de Aquiles, hijo de Peleo, tan funesta, que a los aqueos valió sufrimientos sin cuento y arrojó al Hades a tantas almas valientes de héroes y los hizo presa de los perros y de todas las aves del cielo… Desde el día en que una querella separó al hijo de Atreo, protector de su pueblo, y al divino Aquiles. ¿Cuál de los dioses los incitó a esa querella y batalla? El hijo de Letona y de Zeus. El fue quien, enojado con el rey, hizo al ejército presa de una enfermedad cruel, que iba matando a sus hombres, y ello porque el hijo de Atreo había afrentado a Crises”

¿Cuál es el orden temporal en que son presentados los acontecimientos en EL relato? Podríamos establecerlo de la siguiente manera:

1º.- La cólera de Aquiles.

2º.- Las desgracias de los aqueos.

3º.- La querella entre Aquiles y Agamenón.

4º.- La peste.

5º.- La afrenta a Crises.

Pero ¿cuál es el orden cronológico en que se supone que los acontecimientos “realmente” pasaron?

Exacto, el orden temporal del relato invierte el orden cronológico (5, 4, 3, 1 y 2). Vemos, pues, que en una narración no estamos obligados a seguir el orden temporal de los hechos, sino que podemos alterarlo, invertirlo, cambiarlo; podemos mezclar presente, pasado y futuro en un tiempo único; podemos recordar, profetizar, saltar del presente al pasado, del pasado al futuro, del futuro volver al presente; podemos continuar la acción, interrumpirla, interpolar esto, reanudar aquello; podemos, en definitiva, romper a discreción el suceder lineal del tiempo.

Así, según el orden temporal que escojamos, nuestra brillante idea de “chica y chico se conocen, se enamoran, tienen problemas y, al final, se casan” podríamos relatarla de varias maneras. Por ejemplo:

         En un orden cronológico lineal y “natural”, empezando por el momento en que se conocen, siguiendo por los “problemas” y acabando en el matrimonio.

         O, empezamos por el momento en que se casan y, luego, vamos retrocediendo en el tiempo.

         O, comenzamos en el “medio” – en uno de los “problemas”, por ejemplo –  y avanzamos y retrocedemos en el tiempo a conveniencia.

         O…

Pero, ¿qué orden cronológico escogeremos? La “solución” es tan sencilla de decir, como difícil de realizar: el que más nos convenga para lo que queremos contar. Escribir es tomar decisiones; las decisiones narrativas se toman para resolver problemas; los problemas narrativos nacen del intento de convertir en material lingüístico una idea; la idea es nuestra idea, nuestra intención, lo que queremos contar y decir.

Ejercicio de meditación narrativa: ¿Qué variaciones sufriría nuestro relato dependiendo del comienzo que escogiéramos de los tres expresados más arriba?, ¿qué diferencias más notables habría entre ellos?

 

Por último, dos métodos (de nombres tremendos) para jugar con el orden temporal:

         Retrospección o analepsis: consiste en incluir en el relato información referida a un acontecimiento ocurrido.

–    Prospección o prolepsis: se incluye información referida a un acontecimiento futuro. Se anuncia algo que va a ocurrir

III El tiempo en la narrativa.

1º.- El tiempo (continuación)

 

En la entrega anterior, hablamos de forma breve del “Tiempo y la Narrativa”; hoy trataremos sobre el “Tiempo EN la Narrativa”, es decir, de las características y el uso del “elemento narrativo tiempo” en novelas, relatos y cuentos. Analizaremos tres aspectos esenciales: la selección, el orden y la duración.

– Selección.

Imaginemos que tenemos una idea genial para una narración. La idea sería algo así como: “Chica y chico se conocen, se enamoran, tienen problemas y, al final, se casan” Aquí tenemos la sinopsis de una emocionante historia.

En principio, podríamos decir que el recorrido temporal que hace la historia sería desde el día en que se conocen, hasta el día en que se casan. Por supuesto, también podríamos añadir la vida pasada del chico y la chica, con lo que el recorrido temporal total de la historia sería desde el nacimiento de nuestros protagonistas hasta su boda.

Es evidente que no podemos narrar todo este recorrido temporal. De hacerlo, nos encontraríamos en la situación de aquel cuento de Borges, en el que se pretendía hacer un mapa de China tan detallista y preciso que el mapa acabó siendo tan grande como la propia China. Por lo tanto, algunos segmentos del recorrido temporal total de la historia los callaremos, otros los mencionaremos de pasada, otros los trataremos en profundidad. Del recorrido temporal total de la historia, pues, sólo pasarán al texto unos determinados segmentos temporales (por ejemplo, la escena en que el chico y la chica se conocen: una tarde lluviosa, en un bar, se tropiezan en la entrada, los apuntes de ella caen desparramados por el suelo…). Es decir, no vemos obligados a hacer una SELECCIÓN.

Una adecuada selección de los segmentos temporales es fundamental para el buen funcionamiento de la narración (aunque, si está bien tratado, a cualquier segmento temporal se le puede “hacer” adecuado). ¿Cuál es el criterio para dicha selección?

– Seleccionar los segmentos temporales que hagan avanzar la narración en la dirección que tú (escritor) quieres.

– Seleccionar los segmentos temporales más significativos en orden a construir el sentido que tú (escritor) quieres.

Una adecuada selección de segmentos temporales requiere, pues, saber, no sólo los hechos, sucesos, acciones, peripecias… que vamos a contar (historia/trama: chico y chica se conocen, se enamoran, tienen problemas y, al final, se casan), sino  también qué queremos contar con esos hechos, sucesos, acciones, peripecias… (argumento/sentido: qué idea del amor, de las relaciones humanas, del otro, de la resistencias de la sociedad a determinadas relaciones etcétera queremos expresar). Una narración no es únicamente lo que PONE – hechos, sucesos, acciones, peripecias… – sino lo que DICE – el sentido que queremos expresar con lo narrado – Por lo tanto, es fundamental saber lo que queremos DECIR con lo que contamos para hacer una adecuada selección de los segmentos temporales – y en realidad para tomar la totalidad de las decisiones narrativas que requiere una narración: punto de vista, caracterización de personajes, tratamiento del espacio etcétera –

Para terminar un espantoso pareado:

Antes de empezar a escribir

Piensa lo que quieres decir.

 

En la próxima entrega hablaremos del ORDEN temporal en las narraciones.

 

II Tiempo y narrativa.

1º.- EL TIEMPO.

 

A)    Tiempo y narrativa.

“¿Qué es, entonces el tiempo? Si nadie me pregunta, lo sé; si quiero explicárselo a quien me lo pregunta, ya no lo sé”, escribía Agustín de Hipona en sus Confesiones. Comentario con el que reflejaba agudamente una paradoja: “sabemos” lo que es el tiempo en cuanto vivencia, dejamos de “saberlo” en cuanto tratamos de expresarlo lingüísticamente. Como experiencia el tiempo lo vivimos a modo de una segunda piel, pero si tratamos de captar su “esencia” a través del lenguaje se torna escurridizo, inaprensible, inefable. Se diría que el lenguaje encuentra sus límites cuando trata sobre el tiempo.

Normalmente, se suelen distinguir dos tipos de tiempo. Un primer tipo respondería a la pregunta “¿qué es el tiempo?”; es el tiempo objetivo, el que estudia la ciencia, el tiempo mensurable, el tiempo del “tic-tac” del reloj, el tiempo absoluto de Newton o el tiempo cuarta dimensión de Einsten. Un segundo tipo respondería a la pregunta “¿qué es lo que sentimos del tiempo?”; es el tiempo subjetivo, el tiempo “experiencial”, el tiempo, por utilizar un palabro, fenomenológico; el tiempo, por ponernos rapsódicos, del “tic-tac” de nuestro corazón.

Cabría proponer un tercer tipo de tiempo. Este tercer tipo respondería a la pregunta ¿qué es lo que nos pasa en el tiempo? y que trataría de unir los dos anteriores, el tiempo objetivo del “calendario” y el tiempo subjetivo de la conciencia. Sería el tiempo como marco, teatro o arena de las acciones humanas; sería el tiempo de la Historia como narración de los hechos pasados; sería el tiempo de nuestras narraciones cotidianas cuando contamos al otro nuestras experiencias; sería también el tiempo de las narraciones que aquí nos interesan: las narraciones como prácticas especializadas “literarias”, más en concreto, la novela, el relato y el cuento.

Una narración es un proceso, y los procesos se dan y son tiempo.

Una narración es un cambio y no hay cambios sin tiempo.

Una narración es una interpretación del tiempo, una “encarnación” del tiempo, una resimbolización de nuestra experiencia temporal (P. Ricoeur)

Una narración está hecha de tiempo: ES tiempo.

 

Hemos hablado, brevemente, del “Tiempo Y la narrativa”, en la próxima entrega hablaremos del “Tiempo EN la narrativa”, es decir, de la utilización del elemento narrativo “tiempo” en las prácticas especializadas “literarias” de la novela, el relato y el cuento

el tio vania

El Espacio de Prácticas de Escritura "El Taller" (Vaya nombrecito ¿verdad?) quiere iniciar un ciclo cinematográfico bajo el título genérico de "Cine y Literatura". Todos los primeros viernes de mes (¡Santo, santo, santo es el Señor!) se proyectará en el taller una película basada en una obra literaria. La primera será:
VANIA EN LA CALLE 42
Adaptación de David Mamet
Dirección de Louis Malle
Sobre la obra de teatro "Tio Vania" de Chejov.
Por lo tanto:
¡¡¡Tachín, tachín, tarratachín!!…….  Viernes 2 de Octubre a las nueve de la noche en el taller
VANIA EN LA CALLE 42.
Se ruega puntualidad.
Si traéis viandas (comida y bebida) se viandará al final de la proyección
Se adjunta la obra de Chejov.
              El Comité Ultramegametasuper-Secreto

Decálogo del perfecto cuentista II

Alguna vez Horacio Quiroga intentó un “decálogo del perfecto cuentista”, cuyo mero título vale ya como una guiñada de ojo al lector. Si nueve de los preceptos son considerablemente prescindibles, el último me parece de una lucidez impecable: “Cuenta como si el relato no tuviera interés más que para el pequeño ambiente de tus personajes, de los que pudiste haber sido uno. No de otro modo se obtiene la vida en el cuento”.
         La noción de pequeño ambiente da su sentido más hondo al consejo, al definir la forma cerrada del cuento, lo que ya en otra ocasión he llamado su esfericidad; pero a esa noción se suma otra igualmente significativa, la de que el narrador pudo haber sido uno de los personajes, es decir que la situación narrativa en sí debe nacer y darse dentro de la esfera, trabajando del interior hacia el exterior, sin que los límites del relato se vean trazados como quien modela una esfera de arcilla. Dicho de otro modo, el sentimiento de la esfera debe preexistir de alguna manera al acto de escribir el cuento, como si el narrador, sometido por la forma que asume, se moviera implícitamente en ella y la llevara a su extrema tensión, lo que hace precisamente la perfección de la forma esférica.

(Julio Cortazar)

archivo completo: http://cid-def44aee968345a2.skydrive.live.com/browse.aspx/02%20TEXTOS%20DEL%20TALLER?uc=1&isFromRichUpload=1

Decálogo del perfecto cuentista

de Horacio Quiroga

I.-Cree en un maestro –Poe, Maupassant, Kipling, Chejov– como en Dios mismo.

II.-Cree que su arte es una cima inaccesible. No sueñes en domarla. Cuando puedas hacerlo, lo conseguirás sin saberlo tú mismo.

III.-Resiste cuanto puedas a la imitación, pero imita si el influjo es demasiado fuerte. Más que ninguna otra cosa, el desarrollo de la personalidad es una larga paciencia.

IV.-Ten fe ciega no en tu capacidad para el triunfo, sino en el ardor con que lo deseas. Ama a tu arte como a tu novia, dándole todo tu corazón.

V.-No empieces a escribir sin saber desde la primera palabra adónde vas. En un cuento bien logrado, las tres primeras líneas tienen casi la importancia de las tres últimas.

VI.-Si quieres expresar con exactitud esta circunstancia: "Desde el río soplaba el viento frío", no hay en lengua humana más palabras que las apuntadas para expresarla. Una vez dueño de tus palabras, no te preocupes de observar si son entre sí consonantes o asonantes.

VII.-No adjetives sin necesidad. Inútiles serán cuantas colas de color adhieras a un sustantivo débil. Si hallas el que es preciso, él solo tendrá un color incomparable. Pero hay que hallarlo.

VIII.-Toma a tus personajes de la mano y llévalos firmemente hasta el final, sin ver otra cosa que el camino que les trazaste. No te distraigas viendo tú lo que ellos pueden o no les importa ver. No abuses del lector. Un cuento es una novela depurada de ripios. Ten esto por una verdad absoluta, aunque no lo sea.

IX.-No escribas bajo el imperio de la emoción. Déjala morir, y evócala luego. Si eres capaz entonces de revivirla tal cual fue, has llegado en arte a la mitad del camino.

X.-No pienses en tus amigos al escribir, ni en la impresión que hará tu historia. Cuenta como si tu relato no tuviera interés más que para el pequeño ambiente de tus personajes, de los que pudiste haber sido uno. No de otro modo se obtiene la vida del cuento.

Obtenido de